lunes, 10 de enero de 2011

2. DE LA ECONOMÍA Y SOSTENIBILIDAD DE LAS CIUDADES A LA EDUCACIÓN

CHICO A: “Tío, no paro de sudar. Voy a poner el aire (acondicionado)”
CHICO B: “Eso, ponlo. ¡Carguémonos el planeta!”
CHICO A: “Pero… Ok, vale, no pongamos el aire. Sigamos tus teorías. Ahorremos energía, ¿es eso, no? Apaguemos todo lo que no sea imprescindible. Pero, ¿qué es imprescindible? ¿La nevera es imprescindible? Según tú, no. Para que funcione necesitamos electricidad, y para llenarla necesitaríamos transportes. O sea, más calentamiento global, contaminación… Así que, nada, olvidémonos de vivir como hasta ahora. Imagina cómo sería ese mundo: las escuelas cerrarían, todo perdería sentido… Dejaríamos nuestros trabajos, ¿de qué nos servirían? La gente abandonaría las ciudades, ¿qué pintaríamos en ellas? Tendríamos que abandonarlo todo. Diríamos no a todo el progreso conseguido durante siglos, y volveríamos a vivir como nuestros antepasados. ¿Ese es el futuro que quieres?”
CHICO B: “Ok, vale, hagamos lo que dices. Pongamos el aire, ¿vale? Adelante con el progreso. Sigamos exprimiendo los recursos que nos quedan irresponsablemente… ¿y sabes qué pasará? ¡Que se acabarán! Y cuando esto ocurra nos preguntaremos “¿y qué vamos a hacer ahora sin energía, sin transportes, sin agua corriente… sin nada?”. Porque llegado ese día nada funcionará, y no habrá vuelta atrás. Dejaríamos nuestros empleos, ¿de qué nos servirían, no? Y dejaríamos las ciudades, ¿qué pintaríamos en ellas? Tendríamos que dejarlo todo. Decir no a todo el progreso conseguido durante siglos y volver a vivir como nuestros antepasados. ¿Ese es el futuro que quieres?”

            Este diálogo pertenece a un anuncio de sostenibilidad.com. Se trata de hacernos ver que lo correcto es el punto intermedio, puesto que los dos opuestos son malos, siguiendo la Teoría de Aristóteles. Animo a todo el mundo a que vea el anuncio.

En este apartado no nos referimos del salto de la economía y la sostenibilidad a la educación, como el salto que vimos en el apartado anterior del comercio al turismo. Aquí hablaremos de las tres cosas como algo que se da a la par, algo que va unido y ligado a la idea de desarrollo sostenible.

“Definimos desarrollo sostenible como aquel desarrollo que es capaz de satisfacer las necesidades actuales sin comprometer los recursos y posibilidades de las futuras generaciones. Intuitivamente una actividad sostenible es aquélla que se puede mantener.” (Markandya, 1990)

En vez de propugnar un freno al crecimiento económico, optamos por el desarrollo sostenible. De esta forma, el crecimiento debería llevarse a cabo, al menos de forma ideal, de manera que los recursos físicos se reciclen en vez de agotarse y reduciendo al mínimo los niveles de contaminación. La Comisión Brundtland, responsable del término “desarrollo sostenible”, consideraba que el desarrollo sostenible consistía en afrontar las necesidades del presente sin hipotecar la capacidad de las generaciones futuras para responder a las suyas.

¿A qué nos referimos entonces con “sostenibilidad de las ciudades”? Sostenibilidad y desarrollo sostenible son sinónimos, pero para que se puedan llevar a cabo es fundamental la educación de los ciudadanos. Y la economía funciona como directriz del desarrollo de ese equilibrio. Vamos a explicar esto de otra manera con ayuda de Albert Sireau Romain, gracias a su trabajo en Educación y desarrollo sostenible.

Albert afirma que todo proceso de producción y consumo de los bienes y servicios demandados por la sociedad (ciclo de la economía) lleva asociado la utilización de recursos naturales y la generación de residuos, de emisiones y de vertidos que tienen una clara incidencia sobre el medio ambiente.

Uno de los principales objetivos de la política de desarrollo sostenible es conseguir romper la relación entre el crecimiento de una actividad económica y los impactos negativos que genera. Para analizar esta relación se ha desarrollado el concepto de ecoeficiencia cuyo principio básico es “producir más con menos”. La ecoeficiencia es una cultura administrativa (EDUCACIÓN) que guía al empresariado a asumir responsabilidad con la sociedad, y lo motiva para que su negocio sea más competitivo, adaptando y readecuando los sistemas productivos existentes a las necesidades del mercado y del medio ambiente, y de esta forma poder alcanzar los niveles más altos de desarrollo económico, social y ambiental.

Sabemos que el desarrollo ha de ser sostenible para que el futuro sea posible, pero no siempre lo tenemos en mente a la hora de actuar. Por ello, la educación tiene gran importancia a la hora de sensibilizarnos, tal y como reflejan algunos autores:

“El medio ambiente hay que considerarlo como un “bien público” del que tiene que hacerse responsable el conjunto de la sociedad”. (Arantxa Ivars Ferrer, 2005)

"A mi juicio, lo que se llama la crisis ambiental es esencialmente elemento de una crisis de civilización”. (René Maheu)

Son muchos los organismos e instituciones que se encargan de esta tarea, como el Ministerio de Medio Ambiente, Emaús Fundación Social, Corporación Andina de Fomento (CAF), Greenpeace, WWWF/Adena… Si durante el siglo XX el concepto de “calidad” ha sido una referencia fundamental para las empresas e instituciones, la SOSTENIBILIDAD es el nuevo fundamento que transforma las políticas, estrategias y objetivos de todos aquéllas que quieren ofrecer a la sociedad una imagen diferente y unos productos y servicios donde se considera imprescindible que el desarrollo del turismo debe ser compatible con criterios sostenibles. Para ello es necesario que las instituciones, organizaciones y empresas públicas y privadas participen en lograr que los otros stakeholders (todos aquellos que sean partícipes en la economía) interioricen la importancia presente y futura de lo que denominamos Calidad Segunda Generación, es decir, sostenibilidad. (AIDETUR, 2009).

En resumen, las ciudades tienen una función imprescindible respecto a estas actividades. Como hemos dicho, las ciudades están para cubrir las necesidades humanas, y la economía, la sostenibilidad y la educación son necesidades reales de sus habitantes. Para empezar, sin ciclo económico no habría producción, ni compra-venta de bienes, ni podríamos gastar dinero en actividades de ocio, porque si no existiera una economía propiamente dicha no existiría el dinero. La ciudad nos brinda la oportunidad de desarrollar la economía en ella, es más, esa es una de sus funciones más importantes de su existencia. En segundo lugar, la sostenibilidad ha llegado a convertirse en una prioridad, pero prioridad natural (del medio ambiente), por lo que muchos de los ciudadanos creen que no es un problema que les concierne a ellos, se ven desvinculados de esa necesidad y no hacen nada por frenar el crecimiento desmesurado. Pero para eso está la educación. ¿Qué sería de nosotros sin la educación? La función de la educación también es fundamental, puesto que nadie nace aprendido, el conocimiento no se hereda genéticamente, por lo que hay que esforzarse en conocer. Hay gente que piensa que el hombre es bueno por naturaleza, por lo que resulta más fácil pensar que aunque no recibamos educación actuaremos movidos por la solidaridad, y eso hará que vivamos en un mundo perfecto. Ojalá fuese así. Otros piensan que “el hombre es un lobo para el hombre” (Rousseau), es decir, que es malo por naturaleza, por lo que se hace necesario llegar a un consenso para vivir cordialmente. Independientemente de la corriente, la educación es necesaria, porque si nadie nos enseñara a dividir en nuestra vida, seguramente llegaríamos a los 70 años sin saber dividir. Y lo mismo pasaría con el consumo, que si no nos enseñaran que debemos buscar el equilibrio y no “gastar a lo loco” posiblemente no lo sabríamos y dentro de unos años el planeta no tendría recursos suficientes.


3. DEL TRABAJO AL OCIO

Muchos autores manifiestan que una persona es mucho más productiva, creativa y feliz si trabaja en un entorno agradable. Esto es lo que debió pensar el artista freelance Justin Kemp a la hora de diseñar su escritorio de trabajo, que construyó él mismo una especie de caja-escritorio de arena de playa para tener la placentera sensación de estar siempre de vacaciones mientras trabaja.

Según Justin, lo hizo porque esto le recuerda que su vida es como una vacación constante, pues, según dice, disfruta plenamente con su trabajo: "Yo no diferencio entre trabajo y ocio".


Fuente: thecoolruler.blogspot.com



Como tantos otros aspectos de nuestro mundo social, el trabajo y la vida económica están sufriendo enormes transformaciones. Pero además de estos aspectos laborares, también están afectando a la vida privada de los individuos.

¿Qué es el trabajo y qué funciones tiene?
Para la mayoría de las personas, el trabajo ocupa una parte de su vida mayor que cualquier otro tipo de actividad. Con frecuencia asociamos la idea de trabajo con algo que supone una pesada carga, con un conjunto de tareas que queremos reducir al mínimo y, si es posible, evitar completamente. Aparte de ser una carga, el trabajo tiene más cosas a su favor porque, si no fuera así, la gente no se encontraría tan perdida y desorientada cuando se queda en paro. ¿Cómo nos sentiríamos si pensáramos que nunca  más vamos a conseguir un empleo? En las sociedades modernas, tener un trabajo es importante para mantener la autoestima. Tener un trabajo presenta seis funciones importantes: nos aporta dinero, nivel de actividad (oportunidad de poner en práctica nuestros conocimientos y capacidades), variedad (acceso a contextos que contrastan con el entorno doméstico), estructura temporal (el día normalmente está organizado en torno al ritmo de trabajo), contactos sociales e identidad personal.

Según el sociólogo André Gorz, vamos hacia una “sociedad dual”. En un sector, la producción y la administración política se organizarán para maximizar la eficacia y, en el otro sector, habrá un ámbito en el que los individuos se ocuparán de diversos interesas no laborales que les diviertan u ofrezcan satisfacción personal. Seguramente vale la pena, como indica Gorz, no ver el desempleo de forma totalmente negativa, sino como algo que ofrece a los individuos oportunidades para seguir sus propios intereses y desarrollar sus capacidades. Sin embargo, por lo menos hasta el momento, los avances en esta dirección han sido escasos, puesto que el trabajo remunerado sigue siendo par mucha gente la forma clave de generar los recursos necesarios para llevar una vida variada.

Para este grupo de desempleados nombrados por Gorz, el ocio ocuparía el tiempo que debería ser ocupado por el tiempo de trabajo. ¿Qué separación habría, pues, entre el ocio y la vida cotidiana? Según el Diccionario de la Real Academia Española (1992), ocio es el tiempo libre, fuera de las obligaciones y ocupaciones habituales. Pero para llegar a una adecuada comprensión del concepto de ocio, es imprescindible diferenciarlo tanto del tiempo libre, como del tiempo liberado (Cuenca 2000).

            El tiempo libre se considera y contempla como el periodo de tiempo no sujeto a obligaciones. El hombre de hoy posee más horas libres de las que es consciente. Aproximadamente, las personas que realizan un trabajo de cuarenta horas semanales y con treinta días de vacaciones al año, pueden disfrutar del 29,5% de tiempo libre, en función del número total de horas que tiene el año. (Amercan Associaton On Mental Retardation).

            Sin embargo, en el tiempo libre se realizan una serie de actividades, que aunque no son propiamente laborales pueden llegar a ser obligatorias, tales como las tareas domésticas cotidianas, los desplazamientos sobre todo en las grandes ciudades, las compras de primera necesidad, etc. Entonces la cosa que de la siguiente manera:
-          trabajo
-          tiempo libre:     ͦ  necesidades         
      ͦ  obligaciones
      ͦ  desplazamientos
      ͦ  tiempo de ocio

Ahora bien, el ocio, como tiempo libre que es, puede ser empleado de innumerables maneras.

Vamos a poner algunos ejemplos de trabajo y ocio que se pueden dar en las ciudades:
Trabajo: dependiente, banquero, farmacéutico, camarero, abogado, médico, barrendero, jardinero, zapatero, funcionario, profesor, mecánico, bibliotecario…
Ocio: cine, teatro, exposiciones, zonas verdes, bibliotecas, tiendas, zonas deportivas, bar y discotecas…

            Si prestamos atención a estas enumeraciones hay algo curioso: camarero-ir a tomar algo, dependiente-ir de compras, biblioteca-bibliotecario, y así podríamos citar cientos, aunque no los haya escrito. Con esto quiero decir que para lo que uno supone su trabajo, para otro puede ser una actividad de ocio. Por lo tanto, para que se lleven a cabo muchas de las situaciones anteriormente mencionadas son necesarias ambas partes. ¿Qué sería de un bar sin clientela? ¿o de una tienda sin compradores? Para vivir en  una sociedad equilibrada, se requieren ambas partes. El ocio y el trabajo están unidos por un lazo invisible, pero muy estrecho.

            En resumen, ¿Cumple alguna función la ciudad en el trabajo y el ocio? La respuesta es clara: sí. Sobretodo en lo referente al trabajo, puesto que la ciudad atrae gran cantidad de masas en busca de trabajo. Hablamos tanto de emigración como inmigración. En cuanto al ocio la cosa es más dudosa. Por un lado, si nos referimos al ocio dedicado a la cultura, como pueden ser museos, cine, teatros… la mejor opción será la cuidad. Pero también es cierto que en el mundo actual la gente busca “un hueco” para escapar a espacios naturales, ya sea para practicar deportes de montaña, ir a la playa o ir al pueblo.

4. DEL ORDEN PÚBLICO A LA VIDA COTIDIANA

A los turistas occidentales que visitan países musulmanes por primera vez, con frecuencia les sorprende el sonido de la “llamada a la oración”, que se escucha cinco veces al día, procedente de los minaretes de cientos de mezquitas. Ese sonido hermoso y evocador es extraño para la mayoría de los oídos occidentales. Sin embargo, para los lugareños, la llamada a la oración está tan incorporada a su vida que se percibe de forma más o menos inconsciente. Si ellos viajaran a Occidente, donde esta llamada no suele escucharse, percibirían su falta como algo extraño que les desorientaría.

Este ejemplo representa la vida cotidiana. Cuando hacemos algo muchas veces al día sin apenas pensar en ellas convertimos la acción en rutina. A veces resulta extraño para alguien que no realiza estas actividades, porque tiene otra rutina, como por ejemplo, cuando nos extrañamos que los ingleses conduzcan por la izquierda.

            Cuando bostezamos y ponemos la mano delante de la boca, ¿somos conscientes de ese gesto? O cuando cruzamos un paso de cebra y alguien nos empuja, ¿tenemos la necesidad de vengarnos de él? Con esto quiero decir que hay ciertas normas culturales y leyes escritas que las tenemos tan interiorizadas que forman parte de nuestra vida cotidiana. Cuando cruzamos la calle por el paso de cebra en hora punta sabemos que quizá alguien nos pueda empujar o pisar, pero es algo que lo vemos normal, porque nos sucede todos los días.

¿Cuando nos roban la cartera y denunciamos a la policía, o cuando nos ponemos malos y vamos en ambulancia pensamos: “hay que majos son, que me van a ayudar a detener al ladrón/salvar la vida”? No, la respuesta es no. Y esto es así por lo que hemos dicho. Hemos interiorizado al sistema, y sabemos que contamos con un orden público.

¿Qué entendemos por orden público? El orden público es el núcleo, el aspecto central y más sólido y perdurable del orden social. Es el conjunto de principios inspiradores de la organización del Estado y la familia, que de acuerdo al orden moral y las buenas costumbres, aseguran la realización de los valores humanos fundamentales. (Diccionario jurídico). En definitiva, se lo considera sinónimo de convivencia ordenada, segura, pacífica y equilibrada.

            En definitiva, la función que cumple el orden público es la de estructurar y organizar nuestra vida cotidiana, sin el cual sería un caos. Necesitamos leyes y normas por las cual regirnos. Necesitamos saber que estamos seguros (seguridad) andando por la calle, lo que vamos ha hacer mañana (que nuestra vida no cambie inesperadamente) y que contamos con el apoyo de un organismo cuando nos surja una necesidad vital.

5. EL RESPETO A LA LEY Y A LA LIBERTAD



Fuente: imagen tomada del libro Sociología, de Guiddens
 
«Los sensores indican que el cubículo número 2 ha estado ocupado durante dieciocho minutos. ¿Necesita ayuda?» Este es el texto que aparece debajo de la foto.

Este dibujo es una representación cómica de cómo nos tienen vigilados las organizaciones en todo momento. No podemos dar un paso sin que “ellos” (organizaciones como las empresas o el Estado) se enteren. El abuso de la vigilancia supone una invasión de la intimidad y vulnera los derechos de los ciudadanos. Los límites de la vigilancia son confusos, y a veces chocan con los límites de la libertad. Con frecuencia nos dicen que no somos tan libres como creemos. La razón de esta limitación de la libertad a la hora de actuar viene dada por la sociedad, por pautas culturales que tenemos asumidas, y que inconscientemente nos están delimitando las posibilidades de elegir. Como no sé si esto está muy claro vamos a poner unos ejemplos, pero antes debemos hacer distinción de lo que considero tres tipos distintos de privación de la libertad completa.

En primer lugar, considero privación de la libertad cuando la vigilancia sobrepasa los límites, como hemos dicho, aunque dichos límites no estén fijados. En algunas ciudades hay cámaras en determinadas zonas de la calle. Que nos estén viendo en todo momento (vigilancia directa) me parece una falta de libertad. Pero hay otra forma de vigilancia más sutil, según Foucault: la recogida de información sobre los ciudadanos (archivos, registros e historiales). Ésta otra, aunque también invade nuestra intimidad, la veo menos agresiva, puesto que se trata de tener la información estructurada; y el conocimiento de esta información (aunque no toda) es necesaria para el desarrollo del Estado.

En segundo lugar, no somos completamente libres cuando elegimos o actuamos. ¿Acaso crees que vas vestido de esa forma porque te guste? ¿o que has elegido estudiar una carrera porque es lo que quieres? La respuesta, aparentemente, es sí, y nos indignamos si nos dicen lo contrario. Pero la verdad es que estamos enormemente influenciados por la sociedad, por lo que nuestras decisiones responden a pautas culturales. Entonces es ahora cuando me dices que vistes así porque quieres. En la actualidad, que “se llevan” los pantalones pitillo, ¿te pondrías unos pantalones de campana? ¿O por qué usamos tacones si sabemos que luego nos van a doler los pies? Posiblemente la respuesta sea porque “lo dicta la moda”. ¿Y quién dicta la moda?

Por último, llamamos falta de libertad cuando no podemos hacer todo lo que se nos antoja. Pero esto es algo obvio y absolutamente necesario, puesto que sin la existencia de leyes la vida humana sería imposible. “Mi libertad termina donde empieza la tuya” es una sabia frase de Santo Tomás de Aquino, tomada como principio, que quiere decir que ante todo hay que tener presente el respeto por los demás. Además, muchos filósofos consideran que para vivir en un Estado seguro hemos de renunciar a alguna de nuestras libertades (coste de oportunidad).

La palabra “ley” es definida como una norma jurídica dictada por el legislador. Es decir, un precepto establecido por la autoridad competente, en que se manda o prohíbe algo en consonancia con la justicia. Su incumplimiento trae aparejada una sanción. (Enciclopedia libre)

Los Estados están formados por muchas leyes, que son la base de la convivencia, como hemos dicho. El Estado en el que vivimos es una democracia, y como tal, debe proteger las libertades de los individuos, entre otras cosas. Otro concepto interesante, mencionado en la definición de ley, es el de “justicia”, pero no vamos a adentrarnos, puesto que estaríamos dando un rodeo hasta llegar a la conclusión.

En resumen, la ciudad donde vivimos está regulada por numerosas leyes que limitan nuestra libertad. Pero a pesar de esto, no debemos de verlo como algo malo, sino como el coste que nos supone vivir en un mundo seguro.

6. DEL TRANSPORTE PÚBLICO A LOS MEDIOS PROPIOS DE DESPLAZAMIENTO

Tradicionalmente, en la formulación establecida por R. Park el llamado tipo marginal era aquel sujeto que, errante y sin dirección, jamás se integraba en los lugares ni en el corazón de sus gentes, permaneciendo al margen o en la superficie de las cosas, sin llegar a pertenecer a ningún sitio. Su exclusión provenía de su condición móvil, en constante desplazamiento de un lugar a otro. Prefiguraba así el tipo urbano por excelencia: la ciudad hecha de aportes extraños, de identidades porosas y de miradas curiosas que van más allá del espíritu de campanario. Y es en efecto el espécimen predominante hoy día. En la actualidad el excluido es quien apenas sale de su medio inmediato, circundante, está bloqueado y pertenece al lugar, como un figurante en él. (Urbanismo y juventud, pp.54).

Pero el valor de civilización que se asocia a esta lógica de la movilidad no puede evitar preguntarse hasta qué punto es también un hecho forzoso, el resultado de una forma particular de organización social y económica del espacio-territorio que tiene su más evidente manifestación en el cambio de escala.

Una forma evidente y primaria de experimentar el espacio urbano es recorriéndolo. La movilidad forma parte del proceso de aprendizaje y socialización de los individuos. La movilidad no posee una dimensión únicamente espacial sino también cultural y social: la posibilidad de progresar y construir puntos de vista diferentes, un desplazamiento continuo de la perspectiva.

La ciudad es, en efecto, un inmenso depósito de lugares y recursos, materiales y personales, pero están localizados y repartidos de acuerdo a lógicas diferentes. Se ha incrementado el espacio destinado a vías de penetración y salida de la ciudad; vías de servicio y carreteras construidas para alcanzar los centros laborales, comerciales y las urbanizaciones localizados en la periferia. Ha crecido el número y frecuencia de los viajes, la velocidad y las distancias recorridas. El incremento de las distancias ha venido impulsado por el incremento del número, velocidad y calidad del transporte privado y público. De esta forma, la movilidad se traduce en movilibertad, en autonomía.

Enfocada la movilidad desde la perspectiva de necesidad y obligación, es más fácil valorar las desigualdades que introducen la forma y el crecimiento de la ciudad. No todos los grupos sociales ni todas las edades poseen las mismas oportunidades para beneficiarse por igual de las facilidades de desplazamiento.


El transporte público y el vehículo propio

Aunque el incremento de la motorización es cada vez mayor en nuestra sociedad y el uso del vehículo privado (propio o familiar) se está extendiendo, en general, la mayoría de ciudadanos son usuarios de los medios de transportes públicos: metro, trenes de cercanías, autobuses urbanos… Las necesidades de desplazamiento cotidiano y en fines de semana son crecientes.

En un mundo de distancias, el tiempo de viaje lo vivimos como tiempo constreñido, ni de ocio, ni de trabajo ni de educación. La experiencia urbana es también una experiencia de aglomeración que no siempre se vive con agrado, pero es instructiva. Su valoración respecto a los transportes públicos es positiva en cuanto a las ventajas de contar con la prestación de un servicio básico y necesario, aunque no siempre se estime suficiente. Los jóvenes habitantes de grandes ciudades (por ejemplo, de Madrid) consideran que los medios públicos de transporte, por su variedad y volumen, ofrecen múltiples posibilidades y elecciones en cada momento, según las urgencias y los recorridos a realizar. Es una necesidad cubierta y un modo muy empleado.

Tanto si poseemos como si no vehículo propio o familiar, entendemos que el transporte privado es más caro y poco práctico en la ciudad, especialmente en días laborables por los agobios de los numerosos atascos y de buscar después aparcamiento. Sin embargo, quienes lo tienen no dejan de usarlo y su uso va desplazando gradualmente al del transporte público que existe sólo como alternativa a no ser que uno viva en el centro y se beneficie de la organización radial del sistema de transporte y de la posibilidad de ir caminando.

El precio del transporte ha sufrido últimamente importantes subidas, la última hace unos días. A pesar de que la movilidad es algo absolutamente necesario, y más en una ciudad, los tiempos que corren provocan incertidumbre en los bolsillos de muchos ciudadanos. En este caso, los perjudicados son los usuarios del transporte público. Esto tiene una ligera repercusión en su uso, porque aunque parezca insignificante la subida de un euro, ya se está notando, muy ligeramente, el descenso de usuarios. Muchas personas optan por ir andando, utilizar la bici o desplazarse sólo cuando sea necesario.

Por contra, las quejas hacia el transporte público, a parte de la nueva subida de tarifas, se concentran en torno a su masificación, la frecuencia, la rigidez, la escasez, la imprevisión, y la organización radial que obliga a pasar por determinados puntos de ruptura y enlace con otras líneas aunque sea innecesario.

Vamos a ver otras dos opciones más de desplazamiento que son posibles en las ciudades:

Desplazamientos a pie:
Caminar es una actividad que realizamos a menudo, excepto cuando la distancia al trabajo, al ocio o al centro educativo se sitúa más allá o en torno a los 30 minutos. Un modelo compacto, sea una ciudad pequeña, mediana o grandes bien distribuida y organizada permite una movilidad más serena. La peatonalización o la mejora del amueblamiento y animación de las calles es un tema que se aprecia entre los ciudadanos positivamente.

Carriles-bici:
Las personas que emplean o empleaban la bici como medio de transporte en la ciudad aluden a su peligrosidad en el medio urbano. Pero en la actualidad se está dedicando un gran esfuerzo para mejorar la unión entre carriles, hacerlos más seguros, más numerosos y extendidos…

En definitiva: en las ciudades pequeñas, muchas personas se desplazan a pie y en menor medida en autobús; el coche es usado más en grupo los fines de semana (en jóvenes) y a diario por trabajadores en edad adulta. Sucede lo contrario en aquellas ciudades que en su crecimiento han previsto planes de ordenación e inversión en transporte público e infraestructuras aprovechando sinergias y desarrollos regionales o nacionales, poseyendo a día de hoy una estructura bien articulada de conexiones y movilidad hacia fuera y hacia dentro bien valorada por sus usuarios.


7. DE LA POLÍTICA A LA GESTIÓN

Imaginemos que se ha fundido la bombilla de la cocina. ¿Qué opciones tenemos?
a)     Ir a comprar otra y cambiarla.
b)     Usar velas u otro objeto luminoso como sustituto de la bombilla.
c)      Estar en la cocina sólo mientras haya luz solar.
Una vez que hayamos dado con las posibles soluciones debemos elegir una, la que nos parezca más correcta o la que más se ajuste a nuestras necesidades. Independientemente de la opción que escojamos, deberemos llevarla a cabo, como es lógico.

Lo mismo ocurre con la política. La política trata de ofrecernos un nivel de vida a los ciudadanos. Los gobernantes deben preocuparse por las necesidades de las personas y satisfacerlas, como es lógico. Para eso están, ¿no? Pues parece que la lógica no siempre gana la partida a la realidad. En la actualidad vemos gobiernos mal gestionados, que no responden a intereses públicos, sino a los intereses propios. O en ocasiones, se aprueban leyes que no se llevan a cabo… Pero esto no es lo lógico, así que hablemos de lo que sería normal, y que desde el punto de vista optimista creemos como realidad.

La política es la actividad humana concerniente a la toma de decisiones que conduce el accionar de la sociedad. Así pues cuando surge un problema hay que gestionarlo de manera solvente, y para que esto suceda antes deben darse una serie de pasos, como vimos en el ejemplo de manera muy simplificada. El capítulo quinto de la Constitución Nacional de la formación y sanción de leyes explica de manera explícita cómo se aprueba una ley, pasando de una Cámara a otra hasta que llega al poder ejecutivo. Pero no hace falta que nos vayamos tan lejos.

En una ciudad surgen múltiples quejas de los ciudadanos, ya sean por motivos laborales, sanitarios, estéticos o simplemente porque la calle esté mal asfaltada. En estos casos (en la mayoría de ellos) no hace falta aprobar ninguna ley, ni que la propuesta pase de Cámara en Cámara. En estos casos los que tienen que actuar son el alcalde, los ministros relacionados y el organismo provincial, o alguno de ellos (no todos). Primero plantearán cuáles pueden ser las soluciones. Y luego, tras una larga evaluación se llegará a un consenso, a partir del cual se actuará. A esto es a lo que llamamos gestión política: hacer las acciones o los trámites necesarios para conseguir o resolver una cosa. (Larousse, 2007)

Resumiendo, no tenemos que olvidar que el objetivo último tanto de las ciudades como de la política es el bienestar de los ciudadanos, por lo que de la política a la gestión sólo debe haber un paso muy pequeño.

8. LOS AYUNTAMIENTOS Y LOS CARGOS PÚBLICOS

Antes de nada, vamos de definir qué entendemos por ayuntamientos y por cargos públicos.

Ayuntamientos

El ayuntamiento, también conocido como corporación municipal, es el órgano de administración de un municipio y suele estar formado por un alcalde, el cual ostenta la presidencia de la administración local y del pleno, y los concejales o ediles que reunidos en pleno ejercen la potestad normativa a nivel local. Generalmente, el ayuntamiento es el órgano administrativo menor y más cercano al ciudadano, aunque los municipios grandes suelen subdividirse administrativamente en barrios, distritos, delegaciones, sindicaturas o pedanías.

Por ejemplo, la ciudad de Madrid está dividida en 21 distritos, que a su vez están gobernados por sus correspondientes Juntas Municipales. Estos órganos se encargan del gobierno de una manera mucho más local, ya que en una ciudad como Madrid sería casi imposible administrar tanta población de manera completamente centralizada. Actualmente los distritos de la ciudad son los siguientes: Centro, Arganzuela,  Retiro, Salamanca, Chamartín, Tetuán, Chamberí, Fuencarral-El Pardo, Moncloa-Aravaca, Latina, Carabanchel,  Usera, Puente de Vallecas, Moratalaz, Ciudad Lineal, Hortaleza, Villaverde, Villa de Vallecas, Vicálvaro, San Blas, Barajas.

Los cargos públicos

Los cargos públicos son los puestos de trabajo, reglamentados bajo la autoridad del gobierno de turno; es decir de todas las instituciones gubernamentales. Dicho de otra manera, son las instituciones que dependen del gobierno, por ejemplo: los ministerios (Ministerio de Educación, Ministerio del Interior, Ministerio de Salud, Ministerio de Defensa, etcétera), las secretarías (Secretaría de Deporte, Secretaría de Turismo, etcétera), las subsecretarias, las direcciones y subdirecciones. Todos estos cargos son políticos y elegidos por el titular del Poder Ejecutivo.

El papel de los alcaldes

Al asumir las ciudades una renovada importancia en el sistema global, también cambia el papel de sus alcaldes. Los de las grandes urbes logran proporcionar una especie de liderazgo personalizado que puede ser crucial a la hora de impulsar programas y de mejorar la imagen internacional de una urbe determinada. En varios casos destacados de ciudades que han conseguido transformar esa imagen, el papel de su alcalde ha sido decisivo. Los alcaldes de Lisboa y Barcelona, por ejemplo, fueron fuerzas impulsoras que alentaron el esfuerzo por hacer que sus ciudades engrosaran las filas de las principales del mundo. Del mismo modo, los alcaldes de localidades más pequeñas también pueden tener un papel crucial a la hora de conseguir que la suya sea conocida internacionalmente y que atraiga nuevas inversiones económicas.

Las funciones que realizan los alcaldes son las siguientes:
- Planear, programar, presupuestar, coordinar y evaluar el desempeño de las unidades administrativas de la administración pública municipal que se creen por acuerdo del Ayuntamiento.
- Cumplir y hacer cumplir en el municipio las leyes, los reglamentos y las relaciones del ayuntamiento con los poderes.
- Convocar y presidir las sesiones del Ayuntamiento y ejecutar los acuerdos y decisiones del mismo.
- Informar a la población sobre el estado que guarda la administración y el avance del plan y de los programas municipales.


En resumen, la importancia del municipio viene dada porque la sociedad en su conjunto reclama bienestar, desarrollo, seguridad, legalidad y transparencia en un estado eficaz, legítimo y democrático. El propósito del Gobierno Municipal (Ayuntamiento) es contribuir a ese bienestar social, económico y político de la sociedad, generando bienes y servicios, estimulando la inversión y creando infraestructuras.

Los gobiernos municipales deben concebirse como órganos de Gobierno que no sólo se ocupan de realizar obras y prestar servicios, sino de ocuparse del cambio y del progreso en su totalidad. Por otro lado, en cuanto órgano de gobierno, el ayuntamiento es la autoridad más inmediata y cercana al pueblo, al cual representa y de quien emana el mandato.